Atrévete

"Lo importante no es lo que hacen de nosotros, sino lo que nosotros mismos hacemos con lo que han hecho de nosotros". Sartre

sábado, 11 de mayo de 2019

¿Ponen normas de clase los docentes conscientes?

Hablar de normas de clase, cuando hablamos de docentes y alumnos conscientes, resulta raro. Puesto que ellos, si practican el estado de consciencia de manera habitual no requerirán de normas de comportamiento. Lo más correcto en este caso, es quizás, una declaración de intenciones que sirva como recordatorio de la manera de entender la vida de este "colectivo consciente". 

Hasta ahora, las normas de funcionamiento que se utilizan en las clases ordinarias se limitan a establecer un código de conducta aceptado para la convivencia. Aunque últimamente, las tendencias son de redactar las normas  en positivo, haciendo hincapié en la conducta que deseamos promover, evitando la palabra no, aún podemos ver colgadas en muchas clases, normas de conducta, que, a pesar de ser acertadas y necesarias, se quedan en el ámbito superficial de los alumnos y son de aplicación y revisión externa únicamente. Sirven para guardar las apariencias y dar la imagen de una clase civilizada, pero no transcienden, es decir, no configuran un talante ni una forma de ser diferenciada.

Ejemplo de normas de clase clásicas:

  1. No molesto a mis compañeros.
  2. No me distraigo durante las explicaciones de los profesores/as.
  3. No hablo sin pedir permiso.
  4. No resuelvo los problemas pegando.
  5. No grito por los pasillos.
  6. Cumplo con mis tareas escolares.
  7. No presento mis cuadernos rayados o incompletos.
  8. No estropeo el material ni el mobiliario de clase.
Ejemplo de normas según la tendencia actual: (mucho más recomendable)
  1. Respeto a mis compañeros y a los profesores.
  2. Atiendo las explicaciones de mis profesores.
  3. Colaboro con mis compañeros en las tareas escolares.
  4. Respeto el turno de palabra.
  5. Utilizo un tono de voz bajo en mis intervenciones.
  6. Me desplazo por el colegio evitando hacer ruidos que perturben al resto de clases.
  7. Presento mis trabajos  en los plazos y forma indicados.
  8. Uso el material común con respeto y sentido común.
  9. Resuelvo los conflictos con mis compañeros dialogando y llegando a acuerdos.
Habitualmente, los primeros días de curso, los profesores inician un debate con sus alumnos para determinar las normas de la clase. Éstas son acordadas y redactadas por el grupo clase y son colgadas en alguna pared como recordatorio de lo que se espera de ellos. 

En mi opinión, el fracaso de estas normas de funcionamiento radica precisamente en ese "lo que se espera de ellos". Este tipo de normas presupone un locus de control externo, es decir, que para los alumnos, es el profesor quien en todo momento vigila si se están cumpliendo las normas, y en muchos casos premia o castiga en función de su grado de cumplimiento.

¿Cuál es mi propuesta para los profesores conscientes del s. XXI?
Como no puede ser de otra manera, y siguiendo con la metodología  de "educar para el ser" tratada en el Cuaderno Losias, vamos a trasladar el foco desde el locus de control externo, al locus de control interno. La pregunta a responder por el alumno, no es qué esperan el profesor o el colegio de mí;  sino como alumno, que espero yo de mí mismo para desarrollarme de manera plena y en armonía con el entorno.
Con este planteamiento, el profesorado guía al alumnado a  reflexionar de manera consciente sobre sí mismo/a. Como primer paso, harían el test online del profesor Seligman, para detectar sus fortalezas. (Test de fortalezas para niños y adolescentes). Esto, les confiere mucha confianza y un punto de partida sobre el que apoyarse; una imagen de sí mismos, coherente y que les posibilita  puntos de apoyo muy importantes para conseguir sus logros. 

Después, cuando cada alumno/a tiene el listado de sus fortalezas, es el momento en  el que el profesor/ a les plantea qué tipo de persona quieren ser, y qué actitudes y acciones posibilitarían el entorno de clase  adecuado para que se sintieran cómodos y en confianza para evolucionar como personas.  A partir de ahí, se dirige la conversación en torno a estos aspectos y podríamos redactar una guía para el bienestar.
Ejemplo de guía para el bienestar
  1. Disfruto participando en clase y aprendiendo nuevas materias, habilidades y conocimientos.
  2. El silencio nos ayuda a concentrarnos y hablar en voz baja es la mejor manera de colaborar.
  3. Aprecio  el trabajo bien hecho y me siento orgulloso/a de él.
  4. Creo en la bondad del ser humano, así que me esfuerzo por ser cada vez mejor persona.
  5. Afronto la vida con entusiasmo. Soy valiente.
  6. Persisto en las actividades aunque existan obstáculos y ayudo a los demás a superarlos.
  7. Soy consciente de los sentimientos de los demás. Practico la empatía.
  8. Trabajo bien en equipo. Cumplo las tareas asignadas y trato a todos mis compañeros/as como iguales.
  9. Digo siempre la verdad, pero jamás la uso para herir los sentimientos de nadie.
  10. Soy capaz de perdonar y aceptar mis defectos y los de los demás. Siempre doy una segunda oportunidad.
  11. Pienso que todos tenemos un propósito en la vida y que la existencia de los demás es tan importante como mía.
Os animo implementar una aprendizaje consciente en vuestras clases. Los buenos resultados están garantizados.






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