Atrévete

"Lo importante no es lo que hacen de nosotros, sino lo que nosotros mismos hacemos con lo que han hecho de nosotros". Sartre

jueves, 2 de mayo de 2019

¿Dominas tu subconsciente o te domina él a ti?



Qué bueno es calmar nuestra mente. Sentirnos tranquilos, en paz... y  ¡qué difícil! o quizás... no tanto.

Cada día de nuestra vida mantenemos una pugna más o menos armoniosa y constante entre tres elementos: el subconsciente, el consciente y nuestro ser superior. Además, yo añadiría que el cerebro también participa de manera independiente cuando le da la gana. Con todos los tira y afloja de estas entidades mencionadas, estar equilibrado y llevar una vida ordenada, resulta una tarea ardua, emocionante y a veces inquietante.
¿Quién tiene el mando? Antes de responder a esta pregunta, voy a contarte algunos detalles que las diferencian, de una manera sencilla y práctica.

Empezaré por el subconsciente. Este hace referencia a aquello que se encuentra por debajo del umbral de la conciencia. En general, el subconsciente se encarga de todas aquellas acciones que no somos capaces de percibir en primera instancia. Es decir, es el responsable de acumular datos en nuestra memoria y de ejecutar esos hábitos automáticos ya interiorizados. Se alimenta principalmente de emociones, pensamientos y sentimientos. El subconsciente, no se opone a tus deseos a priori, aunque sí reclamará que prestes atención a los suyos eventualmente. Por ejemplo, cuando nos proponemos ponernos a dieta o hacer ejercicio de manera habitual, el subconsciente, estará de acuerdo, incluso te animará, pero cuando llegue el momento de pasar a la acción... ¡AY! te intentará convencer de que mejor empiezas mañana, que total no has engordado tanto... que hoy ha sido un mal día... en fin, encontrará todas las excusas disponibles en su repertorio para evitar que lo hagas. Intentará con todas sus tretas mantener su homeostasis, o sea seguir como está (para bien o para mal).


El consciente, en cambio, es la parte racional, lógica y analítica del intelectoEn él  desarrollamos directamente la inteligencia y mediante la cual, adquirimos los conocimientos. La mente consciente es la que usamos para saber qué hacer y cómo hacer lo que vamos a hacer. Es con la que prestamos atención a los detalles y con la que llevamos a cabo nuestras acciones. Con ella planificamos y nos ponemos objetivos. Con ella, encontramos la fuerza de voluntad necesaria para acometer lo que nos proponemos. La mente consciente muchas veces hace uso de los recuerdos y las memorias almacenadas. Por lo tanto, de manera indirecta también se alimenta de emociones y sentimientos, aunque sobre todo usa el conocimiento.

Nuestro ser superior, es todo un enigma, pero no hay duda de que está ahí también. Es nuestra conexión con la energía suprema, con el Cosmos, o... con Dios. Gracias a él, (o a ella) tenemos aspiraciones espirituales y surgen de manera espontánea nuestras mejores acciones y pensamientos hacia el prójimo. Si nos dejamos guiar por él, nunca nos faltará de nada para sentirnos completos y poderosos. Podemos acceder a su sabiduría a través de la meditación. 

Teniendo en cuenta la opinión de los tres, hemos de vivir cada día de la mejor manera. Lo más beneficioso para nosotros es permanecer en estado de consciencia la mayor parte del tiempo. De esa manera podremos anclarnos en el momento presente y hacer los ajustes necesarios en la interpretación de la experiencia, para permanecer saludables y resilientes. Es fundamental que nuestro subconsciente se convierta en nuestro aliado siempre y que no le dejemos convertirse en nuestro peor enemigo.

Tomar las decisiones de manera consciente es la mejor manera de tomar decisiones correctas. Actuar de manera consciente, nos permitirá educar a nuestro subconsciente y adiestrarlo para que se ponga de nuestra parte, ya que las acciones repetidas se convierten en un hábito y entonces pasan a formar parte del repertorio de nuestro subconsciente. Esto mismo, hará que el subconsciente quiera mantenerlo, pues al subconsciente no le van mucho los cambios (ya que tiene que establecer conexiones neuronales nuevas y es perezoso). ¿Eso que significa? Pues que si no educas y controlas tu subconsciente perderás siempre la partida. Por ejemplo, digamos que eres aficionado al tabaco, o a tomarte algunas copas de más. En tu subconsciente ya hay muchas huellas de esos hábitos que has creado de manera inconsciente; por lo tanto, él habrá creado ya sus conexiones neuronales de estar habituado, por no decir que te has convertido en un adicto/a de esas substancias. Pero, un día cualquiera, te das cuenta, es decir, eres consciente de que no puedes seguir así y tomas la decisión de dejar el tabaco o el alcohol. En un principio, tu subconsciente no pondrá ningún impedimento, aceptará tu decisión sin más; pero en el momento más inesperado te solicitará su dosis habitual. A no ser que tu fuerza de voluntad sea megapoderosa, no tendrás nada que hacer. El subconsciente sacará sus armas y te rendirás. Solo una más... Y ya sabes el resto.

En fin, ¿qué podemos hacer entonces?  Mi primer consejo es que te dediques en cuerpo y alma a construir siempre un subconsciente sano y que pueda ser tu aliado en tu crecimiento y evolución  personal.
Si esto no ha sido posible hasta el momento, prueba a calmar tu subconsciente por un rato. Por ejemplo, cuando te pida un cigarrillo, dile: sí, dentro de media hora. Cuando pase este tiempo, te lo va recordar, así que tú le calmas: de acuerdo, dentro de una hora. Y así sucesivamente vas calmando y alargando el proceso. Tu subconsciente va a ir creando lentamente nuevas conexiones hasta que finalmente su estado normal sea el de no fumador o no bebedor. 

Esto es solo el punto de partida y está al alcance de tu mano. Por supuesto, hay programas específicos para deshacerte de adicciones y que te ayudarán a fortalecer todos los aspectos de tu ser. En psicoterapia existen métodos completos para ayudarte a controlar tu vida y si deseas más información contacta conmigo.

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