lunes, 17 de febrero de 2020

¿Cómo gestionas la disciplina en tu aula?¿Te has cansado de gritar?

Se presupone en los docentes la capacidad de  gestionar y solucionar  los conflictos que se producen con sus alumnos/as en el aula. 
Dado que la diversidad del alumnado es evidente, el docente debería, entonces, conocer diversidad de técnicas y estrategias que le faciliten el trabajo y sean eficaces para  garantizar el proceso de enseñanza -aprendizaje en un clima agradable. ¿Es esto así, realmente?
Las técnicas correctivas más habituales, que yo he visto usar son: amenazas o castigos. A pesar de no ser las más  recomendables, los docentes suelen pensar que son eficaces en la mayoría de los casos. Sobre todo, cuando su intención es cortar con la conducta disruptiva y  seguir la clase. Un grito o una amenaza puede resultar fácil, rápida y generalmente surte efecto.  Sin embargo, aunque puedan hacer que cese la conducta molesta, ¿da pistas al alumnado sobre cómo conseguir educar a su mente para realizar las acciones correctas y que no se repita esa mala conducta? 
 
Si lo dejamos en ese punto, ni hay pistas ni hay disciplina eficaz, ni se restablece la conexión entre docente y alumno/a. La relación queda tocada y la parte educativa de la disciplina no se produce. Remitirse al respeto de las normas,  es insuficiente. 

Además,  ¿qué pasa con aquellos que no responden a estas  estrategias? Todos sabemos que hay alumnos/as que han sido maltratados y abusados en su entorno familiar y que han generado un modelo de apego desorganizado. En ocasiones,  son escolarizados en nuevos centros educativos, a menudo de manera imprevista, y muchas veces sin el apoyo psicológico que facilite la  integración  necesaria en su cerebro. Los servicios de orientación de los centros carecen de recursos y tiempo requeridos para que estos chavales/as se adapten adecuadamente. Por otra parte, ¿tienen todos los centros escolares protocolos de acogida específicos para este alumnado que se incorpora  con el curso iniciado y pesadas cargas emocionales? Cuando comprendemos los acontecimientos de la vida que no podíamos comprender, la mente puede volverse coherente, nuestras relaciones más satisfactorias y nuestro cerebro más flexible e integrado. 

Estas necesidades educativas especiales, se verían ampliamente solventadas si, al menos, los centros contaran con metodologías y programas específicos de educación socioemocional.  De esta forma, sería más sencillo disciplinar, en el amplio sentido de la palabra, es decir corrigiendo la conducta inapropiada y educando en concienciación emocional y crecimiento personal. Al  facilitar el descubrimiento de las fortalezas, capacitamos al alumnado para hacer frente a la frustración y resolver los conflictos de forma pacífica.  Como consecuencia indirecta, reducimos los problemas de indisciplina, y estamos ayudando al conjunto de la clase, a tener mayor autoestima, a gestionar mejor sus emociones y a hacer frente a las diversas situaciones con compasión y buen humor. Justo, justo, lo que necesitamos los docentes para dejar de amenazar o gritar.

María López de Silanes
Docente y psicóloga








jueves, 6 de febrero de 2020

Docente y disciplina consciente

¿Cómo deben reaccionar los docentes cuando su alumnado hace algo que no debe?

¿Estás dispuesto/a a considerar un tipo de disciplina sin dramas?

¿Te apetece probar un enfoque nuevo orientado a alcanzar tu objetivo inmediato (lograr que hagan lo correcto en el momento adecuado) y además ayudarles a ser buenas personas, felices, amables, responsables y más conscientes?


Muchas de las veces, las correcciones que imponemos a nuestros alumnos/as son exasperantes, nos agotan. Se produce un drama, en ocasiones gritos, sentimientos heridos, pena y al final la desconexión. De esta manera, después de la discusión, aún estamos más lejos de la armonía que al principio.
Tras una interacción especialmente angustiosa con tus alumnos, quizás alguna vez te hayas hecho estas preguntas:
    ¿No soy capaz de hacerlo mejor?
    ¿No puedo ser un/una docente más hábil, más efectivo?
    ¿Cómo impongo disciplina de manera que la situación se distienda en lugar de que     aumente el caos?


Como docentes, queremos que cesen las malas conductas, y a la vez, queremos dar valor y potenciar la relación con nuestros estudiantes. Queremos construir una relación, no dañarla. Queremos que el enfrentamiento disminuya, no que aumente.

La disciplina consciente es posible.

Los docentes podemos disciplinar con respeto y estímulo, pero también poniendo unos límites claros y coherentes. No basta pensar que nos deben respetar solo porque somos “autoridad”. Eso, no va a conseguir una conexión auténtica con nuestro alumnado. Se puede imponer disciplina, de forma que privilegie la relación y el respeto, y relegue el enfrentamiento y el conflicto a un segundo término. Durante ese proceso, se puede fomentar un desarrollo que favorezca buenas aptitudes relacionales y mejore la capacidad de los estudiantes para tomar decisiones acertadas, tener en cuenta a los demás y adoptar actitudes que preparen para el éxito y bienestar durante toda la vida. O por decirlo de otra manera: podemos castigarlos y olvidarnos del tema o podemos poner en marcha una metodología que tenga en cuenta la educación socioemocional y darles las herramientas para que no vuelva a pasar.

Una disciplina, sin dramas, establece en el cerebro de los alumnos/as conexiones relacionadas con destrezas emocionales y sociales que les servirán ahora y a lo largo de la vida, al tiempo que fortalecerá nuestra relación con ellos.

Otra manera de ver el conflicto.

No veamos los conflictos que se producen en las aulas o pasillos, como temidas situaciones donde predomina la ira, la frustración y el enfrentamiento. En cambio, pueden ser una oportunidad maravillosa de conectar con nuestro alumnado y redirigirlo hacia conductas que les sean más útiles a ellos y a toda la comunidad escolar.

El papel de los docentes.

Es poco acertado, limitar el papel de los docentes a meros transmisores de formación; pues también son responsables del crecimiento personal y bienestar. Aunque sea de manera inconsciente, todo profesor/a o maestro/a está influenciando el desarrollo de sus alumnos/as y está transmitiendo una determinada forma de ser y de afrontar el día a día. Sus opiniones, sus gestos, su manera de mirar, de corregir… nada pasa desapercibido para esos jóvenes estudiantes.

La palabra disciplina.

La palabra disciplina proviene del latín disciplina que se utilizaba en el siglo XI con referencia a enseñar, aprender y dar instrucciones. Siempre ha estado relacionado con la enseñanza. En la actualidad, la mayoría de las personas asocian a la práctica de la disciplina solo el castigo o los correctivos. Sin embargo, siempre que imponemos disciplina a nuestros alumnos, el objetivo global no es castigar ni aplicar correctivos, sino enseñar.
La raíz de disciplina es la palabra discipulus, que significa alumno, pupilo y educando. Un discípulo, aquel que recibe disciplina, no es un prisionero ni un destinatario de castigo, sino alguien que aprende a través de la instrucción. El castigo, tal vez interrumpa una conducta a corto plazo, pero la enseñanza ofrece capacidades para toda la vida. Si, como sociedad, buscamos el desarrollo óptimo de nuestros niños y jóvenes; aprendamos a disciplinar de manera que se creen destrezas, se desarrollen fortalezas y se genere una interrelación docente-alumno, basada en la autenticidad y el respeto mutuo.

Más información sobre docentes conscientes en www.metodolosias.com

viernes, 24 de enero de 2020

Dia Internacional de la Educación

 


Hoy es el día internacional de la Educación, y voy a aprovechar esta oportunidad para promocionar las virtudes de la Educación emocional en los docentes. 


Su papel como modelo y referente de los estudiantes, requiere que se tomen en serio su propia educación emocional, y con ello su bienestar. El valor que pueden transmitir con su actitud positiva y su presencia serena es fundamental para desarrollar confianza y equilibrio mental en su alumnado. Recuperando la cita de Jean Jaurès: “No se enseña lo que se quiere; diría incluso que no se enseña lo que se sabe o lo que se cree saber: sólo se enseña y sólo se puede enseñar lo que se es.”

Entonces, que el docente se tome un “tiempo interior”, de vez en cuando, para reflexionar sobre él/ella misma, y sobre el efecto que provoca en su alumnado, es necesario. Así, será capaz de contagiar un estado de ánimo tranquilo y a la vez entusiasta. Ese talante, que favorecerá la atención focalizada de los estudiantes en lo que el profesor/a les cuenta en cada asignatura. Lo de menos es la materia. El conocimiento casi llega solo. Esa curiosidad y embelesamiento del alumnado cuando tiene delante un profesor/a con carisma, emocionalmente equilibrado, produce un traspaso de conocimiento como si fuera un regalo envuelto en un papel hermoso. No solo nos gusta el contenido, sino también quedamos prendados por el continente.  De esta manera, el aprendizaje es profundo, duradero y nos invita a atraparlo, a hacerlo nuestro y a expandirlo.
Eso es, para mí, la Educación.

Charla para alumnos de secundaria de sensibilización educación socioemocional

¿Te interesa conocer la opinión del IES Francisco Hernández Monzón, sobre la charla que impartí en su centro?

Visita su blog  y lee lo que su vicedirectora Cruz Begoña Crespo ha escrito sobre ella. Pincha aquí.

El equipo del IES Francisco Hernández Monzón, de Las Palmas de Gran Canaria, está implicado en acciones que promueven la buena convivencia y contribuyen a la prevención del fracaso escolar.

jueves, 23 de enero de 2020

¿Tienes curiosidad en saber cómo se gestó el Método Losias?


 La revista Educación 3.0, ha publicado un artículo sobre el Método Losias. En él, podéis descubrir cómo se gestó la idea y se desarrolló  posteriormente. También podéis conocer  sus implicaciones metodológicas y un resumen de los objetivos de los dos libros que componen las herramientas del método.

 






¿Has sentido la necesidad de llevar a tu alumnado más allá de las materias curriculares? ¿Te gustaría que tus estudiantes fueran más conscientes de sus fortalezas y de su vida interior? Todos los docentes soñamos con tener alumnos serenos, equilibrados y más comprometidos. Pero, ¿es posible conseguirlo?

jueves, 16 de enero de 2020

La mente es como el océano

Daniel Siegel, llama "tiempo interior" a ese momento de respiraciones conscientes que realizamos para calmar nuestra mente. Tiene un gran parecido con Mindfulness, puesto que nos invita a vivir el momento presente, sin juzgar la experiencia y poniendo el foco de nuestra atención en aquello que estamos haciendo. Según él, centrar la atención en un ejercicio regular de tiempo interior puede integrar el cerebro.  Lo cual es muy beneficioso, especialmente para los adolescentes.

"El tiempo interior, la conciencia atenta, y la presencia que origina, capacitará tu cerebro para crear literalmente fibras integradoras que darán lugar a una habilidad para regular las emociones, la atención, el pensamiento y el comportamiento, y así se optimizarán tu sensación de bienestar y la conexión con los demás." Y todo ello es muy deseable. Qué manera más sencilla -que no fácil- de educar a nuestro cerebro para vivir una vida satisfactoria. Procurando emociones positivas y agradables, estaremos creando pensamientos posibilitadores que nos llevarán a las acciones correctas que nos conectan con una vida consciente. Al sensibilizarnos también con los demás, seremos capaces de responder adecuadamente a las situaciones, en lugar de reaccionar de manera irreflexiva e impetuosa. El tiempo interior se puede practicar en cualquier momento del día. Yo lo hago cuando estoy esperando que me toque el turno si he salido a hacer gestiones; mientras espero que mi hija salga de clase, cuando me despierto, cuando me acuesto... Seguro que a vosotros se os ocurren mil momentos durante el día patra practicar el tiempo interior. Cuanto más lo practico, mejor me siento. Combinando el tiempo interior con las respiraciones conscientes, podemos aumentar sus efectos. Consiste en centrarse en la sensación de la respiración. Cuando la mente se despiste, date cuenta de ello y redirige la atención a sentir la respiración.

Si has decidido retirarte a tu lugar favorito para regalarte un tiempo interior, deja que tu mente te lleve al mar a través de este cuento antiguo: 

La mente es como el océano. Y bajo la superficie, en lo más profundo, está tranquilo y limpio. Desde este lugar de claridad debajo de la superficie, es posible mirar para arriba y apreciar en qué condiciones se encuentra la superficie. Puede estar lisa o picada con olas, o puede incluso que haya una tormenta tremenda, pero sean cuales sean las condiciones, en lo más profundo permanece tranquilo y claro. 
La vida es como el océano. Y con solo sentir la respiración buceas por debajo de la superficie de la mente. Desde este lugar profundo de la mente es posible apreciar cualquier actividad que esté teniendo lugar en la superficie de la mente, tales como sentimientos o pensamientos, recuerdos o ideas. Y ese lugar profundo por debajo de la superficie de la mente está tranquilo y claro. Y solo el hecho de sentir la respiración te lleva a ese lugar de claridad y calma. 
 
Ahora, vuelve a centrar tu atención en la respiración en el lugar del cuerpo donde la sientas más claramente. Déjate llevar por las oleadas de la respiración, dentro y fuera.

María López  de Silanes
Psicóloga y docente



















miércoles, 8 de enero de 2020

No insistas, su cerebro no se lo traga

Muchos conflictos que se producen en los centros escolares se deben a la confrontación de dos puntos de vista. No solo entre alumnos, sino también entre docentes,  se producen intentos de imponerse los unos sobre los otros. He visto reuniones de claustros de profesores, en donde se despliegan argumentos de todo tipo con el fin de convencer al otro y doblegar su criterio. Inútil. Todo resulta inútil. Al final en estas reuniones, las decisiones se toman tras votaciones donde gana el punto de vista que tiene más adeptos. Nadie cambia su parecer. 

Entre alumnos, (cuando estos no gozan de educación socioemocional, la cosa puede acabar en discusiones y tortazos que tampoco convencen a nadie, pero que, a percepción de los implicados, ayuda a someter al contrario.

Y todo esto, ¿para qué? Pues para nada.  Siempre les he dicho a mis alumnos/as que intentar hacer cambiar su opinión a otro era un pérdida de tiempo y energía. Son diversos los motivos psicológicos por los que las personas no cambian, generalmente, su opinión ( entre otros, temor a parecer débil, necesidad de afirmarse en su posición o cargo, incertidumbre ante las consecuencias reales o imaginadas, rigidez mental...). Siempre es mejor evitar una discusión que no una "comunicación".
Comunicar a otros, con asertividad, nuestra opinión no significa forzarle a cambiar la suya, ni presuponer que lo que nosotros pensamos es lo mejor o lo correcto, y que el otro -siempre el otro- está equivocado/a. Los actos comunicativos pueden resolverse en intercambios de información, con la aceptación de la postura del otro. Aceptación que no significa sumisión, sino respeto y conciliación ante diferentes maneras de pensar. Con ello, no solo practicamos la empatía, al intentar sintonizar con los motivos de la otra persona, sino que hacemos uso de la fortaleza de apertura mental, al escuchar activamente a nuestro "adversario", sin pretender juzgarlo ni desetabilizarlo.

Además, los estudios centíficos aportan datos que afirman que cuando las personas no están de acuerdo, sus cerebros no logran registrar la fuerza de la opinión de la otra persona, lo que les da menos razones para cambiar de opinión", resume Andreas Kappes, investigador de la Universidad de la City de Londres y coautor de este estudio, que publica Nature Neuroscience. "Nuestros hallazgos sugieren que ni siquiera los argumentos más elaborados del otro lado convencerán a las personas más polarizadas porque el desacuerdo será suficiente para rechazarlo", asegura Kappes. Y añade: "El hecho de no observar la calidad del argumento opuesto hace que los cambios en la mente sean menos probables".
Según Sharot, de la University College de Londres, parece ser que el cerebro se niega a abrir la puerta cuando quien llama es una opinión que lo contradice, por muy convincente que pudiera ser. Estos científicos dieron un paso más allá en el entendimiento de este sesgo de confirmación, que Sharot, directora del Affective Brain Lab en la University College de Londres, define así: "Buscar e interpretar datos de una manera que fortalezca nuestras opiniones preestablecidas". Y pusieron el foco en una región muy concreta, la corteza prefrontal medial posterior, un área que se activa al escudriñar la confianza o la calidad de la evidencia que se nos presenta y luego nos lleva a cambiar nuestras creencias y opiniones de acuerdo con la calidad de esas pruebas. Si escucho a un médico confiado sugiriendo que debería comenzar el tratamiento, entonces la corteza prefrontal medial posterior rastrea la confianza del médico y me lleva a ajustar mi opinión en consecuencia: mi creencia de que debo tratarme aumenta, explica Kappes.

Al observar la actividad cerebral durante un experimento, vieron que cuando las personas estaban de acuerdo esa región del cerebro estudiaba el nivel de confianza de la otra persona, lo que llevaba a ajustar sus creencias de acuerdo con la confianza de la otra persona. "Sin embargo, cuando las personas no estaban de acuerdo el cerebro no lo hizo, dando a las personas pocas razones para cambiar de opinión", resume Kappes.

Sharot publicó un estudio este verano en el que descubrieron que la gente deja de realizar búsquedas en Internet cuando los primeros resultados proporcionan la información deseada, otra forma de sesgo de confirmación digital. "La tendencia conductual a descartar la información discrepante tiene implicaciones significativas para los individuos y la sociedad, ya que puede generar polarización y facilitar el mantenimiento de creencias falsas", afirma la científica.

"Escuchamos lo que queremos oír y lo que no, lo descartamos: no le damos el mismo peso a las opiniones que nos contradicen", afirma Susana Martínez-Conde sobre los resultados del estudio que publica Nature Neuroscience. (del artículo "El cerebro nos impide ver la fuerza de los argumentos que nos contradicen". Javier Salas. El País).

Por lo tanto, para llegar a consensos, habrá que hacer mucho uso de la inteligencia socioemocional. Escuchar empáticamente, presuponer la bondad en el otro y no juzgarle. A partir de la aceptación incondicional, encontrar hilos invisibles que hagan de puente entre nuestras ideas y las suyas. Establecer conexiones entre una mente y otra y procurar la sintonía. Ello hará que se  perciba mejor nuestro nivel de confianza y seguridad  y facilitará el acuerdo en el proceso comunicativo.  
La próxima vez que te encuentres en una confrontación, ya lo sabes: No insistas, su cerebro no se lo traga. Si renuncias a convencer, ahorrarás tu valiosa energía y podrás reservarla para algo más productivo.
Compartamos con  nuestro alumnado esta información. Seguramente, les evitaremos discusiones innecesarias.
 








En todo ser humano hay grandeza, Mario Alonso Puig

lunes, 6 de enero de 2020

La maravillosa etapa de la adolescencia

Quería escribir sobre el libro de Daniel J. Siegel, “Tormenta cerebral...” cuando surfeando sobre él, en la red, me encontré esta charla tan interesante y enriquecedora. La comparto con vosotros como anticipo de la próxima entrada del blog.
¡Seguro que os sirve mucho! Tanto para jóvenes como para padres de adolescentes inmersos en esa etapa tan emocionante.
Charla de Daniel J. Siegel


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