jueves, 16 de enero de 2020

La mente es como el océano

Daniel Siegel, llama "tiempo interior" a ese momento de respiraciones conscientes que realizamos para calmar nuestra mente. Tiene un gran parecido con Mindfulness, puesto que nos invita a vivir el momento presente, sin juzgar la experiencia y poniendo el foco de nuestra atención en aquello que estamos haciendo. Según él, centrar la atención en un ejercicio regular de tiempo interior puede integrar el cerebro.  Lo cual es muy beneficioso, especialmente para los adolescentes.

"El tiempo interior, la conciencia atenta, y la presencia que origina, capacitará tu cerebro para crear literalmente fibras integradoras que darán lugar a una habilidad para regular las emociones, la atención, el pensamiento y el comportamiento, y así se optimizarán tu sensación de bienestar y la conexión con los demás." Y todo ello es muy deseable. Qué manera más sencilla -que no fácil- de educar a nuestro cerebro para vivir una vida satisfactoria. Procurando emociones positivas y agradables, estaremos creando pensamientos posibilitadores que nos llevarán a las acciones correctas que nos conectan con una vida consciente. Al sensibilizarnos también con los demás, seremos capaces de responder adecuadamente a las situaciones, en lugar de reaccionar de manera irreflexiva e impetuosa. El tiempo interior se puede practicar en cualquier momento del día. Yo lo hago cuando estoy esperando que me toque el turno si he salido a hacer gestiones; mientras espero que mi hija salga de clase, cuando me despierto, cuando me acuesto... Seguro que a vosotros se os ocurren mil momentos durante el día patra practicar el tiempo interior. Cuanto más lo practico, mejor me siento. Combinando el tiempo interior con las respiraciones conscientes, podemos aumentar sus efectos. Consiste en centrarse en la sensación de la respiración. Cuando la mente se despiste, date cuenta de ello y redirige la atención a sentir la respiración.

Si has decidido retirarte a tu lugar favorito para regalarte un tiempo interior, deja que tu mente te lleve al mar a través de este cuento antiguo: 

La mente es como el océano. Y bajo la superficie, en lo más profundo, está tranquilo y limpio. Desde este lugar de claridad debajo de la superficie, es posible mirar para arriba y apreciar en qué condiciones se encuentra la superficie. Puede estar lisa o picada con olas, o puede incluso que haya una tormenta tremenda, pero sean cuales sean las condiciones, en lo más profundo permanece tranquilo y claro. 
La vida es como el océano. Y con solo sentir la respiración buceas por debajo de la superficie de la mente. Desde este lugar profundo de la mente es posible apreciar cualquier actividad que esté teniendo lugar en la superficie de la mente, tales como sentimientos o pensamientos, recuerdos o ideas. Y ese lugar profundo por debajo de la superficie de la mente está tranquilo y claro. Y solo el hecho de sentir la respiración te lleva a ese lugar de claridad y calma. 
 
Ahora, vuelve a centrar tu atención en la respiración en el lugar del cuerpo donde la sientas más claramente. Déjate llevar por las oleadas de la respiración, dentro y fuera.

María López  de Silanes
Psicóloga y docente



















miércoles, 8 de enero de 2020

No insistas, su cerebro no se lo traga

Muchos conflictos que se producen en los centros escolares se deben a la confrontación de dos puntos de vista. No solo entre alumnos, sino también entre docentes,  se producen intentos de imponerse los unos sobre los otros. He visto reuniones de claustros de profesores, en donde se despliegan argumentos de todo tipo con el fin de convencer al otro y doblegar su criterio. Inútil. Todo resulta inútil. Al final en estas reuniones, las decisiones se toman tras votaciones donde gana el punto de vista que tiene más adeptos. Nadie cambia su parecer. 

Entre alumnos, (cuando estos no gozan de educación socioemocional, la cosa puede acabar en discusiones y tortazos que tampoco convencen a nadie, pero que, a percepción de los implicados, ayuda a someter al contrario.

Y todo esto, ¿para qué? Pues para nada.  Siempre les he dicho a mis alumnos/as que intentar hacer cambiar su opinión a otro era un pérdida de tiempo y energía. Son diversos los motivos psicológicos por los que las personas no cambian, generalmente, su opinión ( entre otros, temor a parecer débil, necesidad de afirmarse en su posición o cargo, incertidumbre ante las consecuencias reales o imaginadas, rigidez mental...). Siempre es mejor evitar una discusión que no una "comunicación".
Comunicar a otros, con asertividad, nuestra opinión no significa forzarle a cambiar la suya, ni presuponer que lo que nosotros pensamos es lo mejor o lo correcto, y que el otro -siempre el otro- está equivocado/a. Los actos comunicativos pueden resolverse en intercambios de información, con la aceptación de la postura del otro. Aceptación que no significa sumisión, sino respeto y conciliación ante diferentes maneras de pensar. Con ello, no solo practicamos la empatía, al intentar sintonizar con los motivos de la otra persona, sino que hacemos uso de la fortaleza de apertura mental, al escuchar activamente a nuestro "adversario", sin pretender juzgarlo ni desetabilizarlo.

Además, los estudios centíficos aportan datos que afirman que cuando las personas no están de acuerdo, sus cerebros no logran registrar la fuerza de la opinión de la otra persona, lo que les da menos razones para cambiar de opinión", resume Andreas Kappes, investigador de la Universidad de la City de Londres y coautor de este estudio, que publica Nature Neuroscience. "Nuestros hallazgos sugieren que ni siquiera los argumentos más elaborados del otro lado convencerán a las personas más polarizadas porque el desacuerdo será suficiente para rechazarlo", asegura Kappes. Y añade: "El hecho de no observar la calidad del argumento opuesto hace que los cambios en la mente sean menos probables".
Según Sharot, de la University College de Londres, parece ser que el cerebro se niega a abrir la puerta cuando quien llama es una opinión que lo contradice, por muy convincente que pudiera ser. Estos científicos dieron un paso más allá en el entendimiento de este sesgo de confirmación, que Sharot, directora del Affective Brain Lab en la University College de Londres, define así: "Buscar e interpretar datos de una manera que fortalezca nuestras opiniones preestablecidas". Y pusieron el foco en una región muy concreta, la corteza prefrontal medial posterior, un área que se activa al escudriñar la confianza o la calidad de la evidencia que se nos presenta y luego nos lleva a cambiar nuestras creencias y opiniones de acuerdo con la calidad de esas pruebas. Si escucho a un médico confiado sugiriendo que debería comenzar el tratamiento, entonces la corteza prefrontal medial posterior rastrea la confianza del médico y me lleva a ajustar mi opinión en consecuencia: mi creencia de que debo tratarme aumenta, explica Kappes.

Al observar la actividad cerebral durante un experimento, vieron que cuando las personas estaban de acuerdo esa región del cerebro estudiaba el nivel de confianza de la otra persona, lo que llevaba a ajustar sus creencias de acuerdo con la confianza de la otra persona. "Sin embargo, cuando las personas no estaban de acuerdo el cerebro no lo hizo, dando a las personas pocas razones para cambiar de opinión", resume Kappes.

Sharot publicó un estudio este verano en el que descubrieron que la gente deja de realizar búsquedas en Internet cuando los primeros resultados proporcionan la información deseada, otra forma de sesgo de confirmación digital. "La tendencia conductual a descartar la información discrepante tiene implicaciones significativas para los individuos y la sociedad, ya que puede generar polarización y facilitar el mantenimiento de creencias falsas", afirma la científica.

"Escuchamos lo que queremos oír y lo que no, lo descartamos: no le damos el mismo peso a las opiniones que nos contradicen", afirma Susana Martínez-Conde sobre los resultados del estudio que publica Nature Neuroscience. (del artículo "El cerebro nos impide ver la fuerza de los argumentos que nos contradicen". Javier Salas. El País).

Por lo tanto, para llegar a consensos, habrá que hacer mucho uso de la inteligencia socioemocional. Escuchar empáticamente, presuponer la bondad en el otro y no juzgarle. A partir de la aceptación incondicional, encontrar hilos invisibles que hagan de puente entre nuestras ideas y las suyas. Establecer conexiones entre una mente y otra y procurar la sintonía. Ello hará que se  perciba mejor nuestro nivel de confianza y seguridad  y facilitará el acuerdo en el proceso comunicativo.  
La próxima vez que te encuentres en una confrontación, ya lo sabes: No insistas, su cerebro no se lo traga. Si renuncias a convencer, ahorrarás tu valiosa energía y podrás reservarla para algo más productivo.
Compartamos con  nuestro alumnado esta información. Seguramente, les evitaremos discusiones innecesarias.
 








En todo ser humano hay grandeza, Mario Alonso Puig

lunes, 6 de enero de 2020

La maravillosa etapa de la adolescencia

Quería escribir sobre el libro de Daniel J. Siegel, “Tormenta cerebral...” cuando surfeando sobre él, en la red, me encontré esta charla tan interesante y enriquecedora. La comparto con vosotros como anticipo de la próxima entrada del blog.
¡Seguro que os sirve mucho! Tanto para jóvenes como para padres de adolescentes inmersos en esa etapa tan emocionante.
Charla de Daniel J. Siegel


domingo, 29 de diciembre de 2019

En 2020, seamos detectives de emoción

2020 Un nuevo año comienza dentro de unos días. Es una cifra bonita, que inspira, tiene buenas vibras, ¿no te parece?

Me permito proponerte lo siguiente: una de estas tardes o noches, siéntate en tu lugar favorito, rodéate de tus objetos preferidos. Acomódate y si te apetece, pon una música suave. Después, realiza varias respiraciones conscientes para relajarte y centrar tu atención en ti mismo/a. 

Universo de emociones. R Bisquerra
Ahora, desde esa calma interior, echa la vista atrás, no solo a este 2019 que termina, sino más allá. Vas a dejar de lado las circunstancias o eventos que te hayan pasado, y vas a poner el foco en las emociones que te provocaron. Pon tu atención en buscar el nombre exacto de 20 de ellas que te han producido malestar. Podría ser frustración, desengaño, ira, tristeza, soledad, asco… Tómate todo el tiempo que necesites para encontrar el nombre de la emoción o sentimiento concreto. Toma nota de los 20 nombres.
 Te dejo pistas.
Universo de emociones. R Bisquerr
Universo de emociones. R Bisquerra
Ahora, vuelve a centrar la atención en la respiración, sin pensar en nada en concreto, deja que tu mente vague tranquila después de soltar tantas emociones. Siente la liberación que ello te proporciona.

Vuelve a indagar en tu vida. Esta vez, busca y detente en cada emoción que te haya producido bienestar: Felicidad, alegría, ilusión, tranquilidad, plenitud, armonía… Recuerda no poner el foco en la situación que lo provocó, sino solo en la emoción. Toma nota de 20 de ellas.  Te dejo pistas.

Universo de emociones. R Bisquerra
Universo de emociones. R Bisquerra

Universo de emociones. R Bisquerra

Durante este proceso, es muy importante desvincular las circunstancias de nuestra vida de las emociones que sentimos.  La tendencia es pensar que son los eventos de nuestra vida los que ocasionan que nos sintamos de una determinada manera, pero aunque pueda haber influencias concretas en determinadas ocasiones, generalizarlo no sería correcto.  Somos nosotros los que vemos las cosas según como nos sentimos por dentro. Al fin y al cabo, Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros" decía el filosofo Kant.

El mundo lo percibimos diferente a todos los demás, con matices personales. Tenemos una imagen original de las cosas y eso es lo que nos caracteriza como personas, porque nuestra conciencia actúa dando forma a las cosas que vemos, pero, si empiezas a rascar en la superficie… solo conocemos "las cosas en mí y no las cosas en sí".
Apartémonos de las circunstancias y centrémonos en nuestras emociones y sentimientos. Pues lo contrario sería cerrarnos en nuestra experiencia, en nuestra visión y siempre veremos la vida según la interpretemos, y la interpretaremos, según como somos nosotros. Algo enrevesado, pero real.
Trabajando sobre nuestras emociones, podremos averiguar por qué reaccionamos de determinada manera año tras año y acabamos sintiendo siempre el mismo tipo de emoción, solo que en situaciones diferentes. Aprendamos de una vez a interpretar las señales de nuestro cuerpo y las pistas de nuestra mente. Olvidemos el mensajero (la situación concreta) y centrémonos en el mensaje (la emoción).

En 2020, seamos detectives de emoción. Una vez descubierta, reconocer su no permanencia y si no nos beneficia, dejarla ir, poniendo en marcha los mecanismos de autoregulación emocional. La meditación ayuda en este proceso. 
Y si la emoción nos agrada, entonces, agradecerla, disfrutarla y contagiarla. Es la única manera de que siempre esté con nosotros/as.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Estas Navidades regala Educación socio-emocional



miércoles, 4 de diciembre de 2019

Por fin terminamos la sesión de evaluación, ¿y ahora qué?



 En los centros educativos, cuando termina  el trimestre, es momento de sesiones de evaluación. Es una época de bastante estrés, no solo para el alumnado que es calificado, sino también para el profesorado que se enfrenta a estas sesiones  con la necesidad de valorar también su propio proceso de enseñanza. ¿Qué fue bien? ¿cuáles son las propuestas de mejora? ¿qué podria hacer para mejorar el clima de la clase, el rendimiento...?

Cuando los resultados no han sido buenos y el rendimiento ha sido bajo, los comentarios que más repiten los profesores suelen ser:  grupos muy heterogéneos, necesidad de canalizar la energía de los alumnos, excesivo parloteo en clase, facilidad con la que se distraen, falta de atención y concentración, indisciplina, mal comportamiento, falta de respeto, etc. 

Como propuesta de mejora, podría surgir la implementación de un programa específico de educación socioemocional, para que el alumnado desarrolle las fortalezas personales relacionadas con el buen rendimiento académico, por ejemplo la perseverancia, el sentido de la justicia, la gratitud, la integridad, la esperanza, la perspectiva, y por supuesto el amor por el aprendizaje, para que se produzca el cambio actitudinal desde un nivel más profundo, por sus efectos duraderos, con el fin de mejorar el autoconcepto y los resultados académicos en los dos trimestres que quedan por delante.

Por otra parte, es imprescindible que el departamento de orientación psicopedagógico (si lo hay) se implique, también, en asesorar a los profesores que manifiesten dificultades a la hora de controlar la clase y pongan a su disposición herramientas para una adecuada gestión del aula.

En estos casos, los padres, también tiene trabajo  para concienciar a sus hijos/as de la importancia de mantener la atención y la concentración en clase, la diligencia en sus tareas, así como el respeto debido al profesorado.

Después de esta primera evaluación, estamos a tiempo de reconducir las actitudes de todos los implicados, y evitar que se repitan los mismos resultados en la segunda evaluación. Estamos a tiempo de hacer intervenciones que mejoren el clima de la clase y por consiguiente los resultados académicos.

Un grupo-clase tranquilo y atento ayuda mucho para que el profesorado pueda desarrollar su labor educativa, en un entorno de bienestar.  Mantener la disciplina en el aula, conlleva, en ocasiones, un gasto de energía y tiempo enorme, por parte del profesorado que, a la larga, puede producirles desmotivación y estrés. Para el alumnado puede desembocar en  retrasos escolares y la consiguiente acumulación de tareas para casa. Repercutiendo, ambos efectos negativamente, en la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Las reuniones de padres al finalizar el trimestre, no han de dedicarse exclusivamente al reparto de notas, sino que son esenciales para trabajar, conjuntamente, los aspectos de educación socioemocional que requieren la práctica diaria en entornos diferentes e introducir los cambios necesarios en las programaciones para aumentar el bienestar del alumnado, mejorar la convivencia y prevenir el fracaso escolar. 
En estas reuniones, podría ser interesante llegar a un compromiso de padres, alumnos y profesores de cara al establecimiento de unos objetivos que nos sirvan de guía en este camino de superación y crecimiento personal que supone la educación.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

27 de noviembre, Día del maestro/a


Hoy 27 de noviembre se celebra el día del maestro/a y quiero aprovechar para animar a todos los docentes a incorporar la educación socio-emocional en sus vidas.

El conocido Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. La Educación encierra un tesoro (Delors, et al. 1996) señala que para hacer frente a los nuevos desafíos del siglo XXI se hace imprescindible asignar nuevos objetivos a la educación, y por lo tanto modificar la idea que se tiene de su utilidad. Con objeto de cumplir su misión, la educación debe organizarse en torno a cuatro pilares:
 a) aprender a conocer;
b) aprender a hacer;
c) aprender a vivir juntos; y
d) aprender a ser.

En mi opinión, es hora de que los docentes nos impliquemos más en los dos últimos y apliquemos en clase nuevos programas de educación emocional. No solo para el bienestar del alumnado, sino también velando por el equilibrio emocional y la salud mental del equipo docente que actúa como modelo y referente.

Como indica Rafael Bisquerra Alzina en su artículo: Educación emocional y competencias básicas para la vida, “la educación es un proceso caracterizado por la relación interpersonal. Toda relación interpersonal está impregnada por fenómenos emocionales, de donde se pueden derivar efectos sobre el estrés o la depresión. Estos dos son, precisamente, causas importantes de bajas laborales entre el profesorado. Lo cual sugiere que se le debe prestar una atención especial entre el profesorado, como primer destinatario de la educación emocional. Por extensión, el profesorado debería contribuir al desarrollo emocional de los estudiantes.”
La profesión de maestro/a tiene un componente vocacional determinante, pero la atención emocional del docente no debe descuidarse. Su acompañamiento emocional, los incentivos para la innovación, el aliento y la facilitación de la administración para que puedan poner en acción sus talentos personales, en los centros educativos, han de hacerse realidad para enriquecer la profesión del maestro/a, para que se sienta realizado/a y valioso dentro de su centro de trabajo y, como consecuencia, se sienta feliz.

La profesión de maestro/a es una de las profesiones que más puede aportar sentido a la vida de una persona y por ello permite acceder a una felicidad duradera donde el placer de servir se confunde con una vida con propósito. Pero a esta profesión también le acechan peligros: el menosprecio a su trabajo, la burocratización de la enseñanza, la pérdida de autoridad y respeto, las desigualdades de jornada laboral y salarios entre comunidades autónomas…Todo ello puede alterar el equilibrio emocional y profesional del maestro/a y hacerle caer en el pozo de la indefensión y el despropósito.

Solo un maestro/a feliz es capaz de transmitir alegría de vivir y entusiasmo por aprender a su alumnado. La sociedad necesita una educación con programas que tengan en cuenta la inteligencia emocional para aumentar el bienestar de toda la comunidad educativa, mejorar la convivencia y prevenir el fracaso escolar.

Felicidades y gracias, maestro/a por tu dedicación y por enseñar desde el Ser.

sábado, 16 de noviembre de 2019

El placer de servir

Cuando el sentido de la vida te despierta, se apoya en pequeños detalles, para coger impulso. Poner nuestros talentos al servicio de la humanidad, es la manera más sencilla de vivir una vida con sentido.  
¿Qué te parece si te sugiero que el propósito de tu vida sea vivir una vida con propósito?

El Placer de Servir, un  poema de Gabriela Mistral

“Toda la naturaleza es un anhelo de servicio; sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú.

Sé el que  aparte la estorbosa piedra del camino, sé el que aparte el odio entre los corazones y las dificultades del problema.

Existe la alegría de ser sano y de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera rosal que plantar, una empresa que acometer!

Que no te atraigan solamente los trabajos fáciles: ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: Adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve.

El servir no es una faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿Al árbol? ¿A tu amigo? ¿A tu madre?”.

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