Atrévete

"Lo importante no es lo que hacen de nosotros, sino lo que nosotros mismos hacemos con lo que han hecho de nosotros". Sartre

miércoles, 27 de febrero de 2019

Un proyecto educativo para la evolución interior



A menudo, la redacción del proyecto educativo de un centro, se convierte en una de las peores pesadillas para los equipos directivos. Algunos, faltos de tiempo, se conforman con  documentos frankestein, sin alma, elaborados a la manera de corta y pega, aburridos de leer, muy poco inspiradores para el claustro y con una carencia absoluta de identidad personal y corporativa. 

Una mayoría de proyectos habla de educación integral, de respeto de los valores de convivencia, de enfoques transversales...,  bonitas palabras que pocas veces se manifiestan en actividades con efectos duraderos en el alumnado. 

En mi opinión es el documento más importante del centro y debería estar más presente en la vida cotidiana, como si fuera un códice sagrado, un manual por excelencia, que abarca todos los ámbitos que se trabajan en el centro desde un talante particular, desde unos VALORES comunes, consensuados y que se deben ver reflejados de manera clara y evidente en el funcionamiento general del centro: las programaciones de clase, las actividades complementarias y extraescolares, la organización del profesorado, del alumnado... todo.


La asunción de unos valores comunes, debe ser total por parte de toda la comunidad educativa, no de una manera impositiva, sino como fruto de un deseo consciente y voluntario de pertenecer a un    proyecto educativo en el que todos suman. Cada miembro utiliza sus fortalezas para el crecimiento de la comunidad educativa. Sin competiciones, sin envidias, sin recelos y sin afán de protagonismo. Basta solo la disposición personal a ver  siempre  lo mejor del otro y aquello que nos une, y no lo que nos diferencia.


Los equipos directivos, deben ser hábiles para detectar las fortalezas del claustro y potenciarlas dentro de los centros. Solo así, el profesorado se siente valorado, respetado y feliz con todas sus aportaciones. Solo así fluye la tarea, en el sentido que muy bien explica Mihaly Csikszentmihaly.  Solo así se consigue la felicidad del individuo y por ende del sistema.

Así como los franceses se sienten orgullosos de los valores que inspiran su república: liberté, egalité, fraternicé, cada escuela o instituto, debería escoger tres o cuatro valores recogidos en su proyecto educativo y que puedan actuar como sus propias señas de identidad.  Han de ser estos valores los que prevalezcan como hilo conductor del día a día en el centro.

Y es una pena que a veces,  todo ello queda diluido en una profusión, sin sentido, de celebraciones automáticas, episódicas, sucesivas (la Paz, el día del Libro, carnaval, fallas, charlas, ...) que marcan el año escolar pero que apenas dejan una huella visible en el alumnado.  Mi propuesta va mas allá de unas simples actividades, a menudo organizadas superficialmente, apenas consensuadas  y siempre de cara a la galería,  más que centradas en la evolución interior del ser humano. "Las actividades deben ser pensadas para que produzcan flujo, es decir, que requieran el aprendizaje  de habilidades, establezcan metas, produzcan retroalimentación  y hagan posible el control. Han de facilitar la concentración y la involucración." "Tales actividades de flujo tienen como función primaria ofrecer experiencias agradables. Por la manera en que están construidas, ayudan a participantes y y a los espectadores a lograr un estado mental ordenado que es muy agradable"(Mihaly Csikszentmihaly)

El profesorado, se encuentra a menudo sobreocupado en clases de refuerzo (que muchas veces no son tan necesarias o que pueden ser gestionadas de otra manera), con el mero fin de llenar todas sus horas disponibles. Mucho mas valioso sería para la comunidad que dedicaran  su  tiempo a poner en marcha iniciativas interesantes que promuevan el desarrollo interior del alumnado.  Existe una tendencia a pensar que si no se ocupan todas las horas de los maestros, estos no hacen nada; pero esto no es así. Si realmente supiéramos lo que le interesa a cada profesor, veríamos cómo es posible permitirle que organice su tiempo en función de sus proyectos, sus habilidades  y sus aportaciones. Permitir tiempo de reunión entre colegas, más allá de los rutinarios claustros o ciclos, es la base para la puesta en marcha de programas creativos y útiles y para el diseño de actividades de flujo que permitan evolucionar a los centros educativos desde una perspectiva humanista.

¿Tú qué opinas?








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